martes, 20 de enero de 2015

"Cigarrillos que saben a noches sin ti".


ermíteme decir que las noches en vela saben agridulces si no puedo entonar melodías que me recuerdan a tu voz, a la voz que me enseñó cosas impresionantes, a la que afinó a las seis cuerdas de mi guitarra de madera.
Déjame que te susurre eses con textura de silencio, sueños, sonrisas y sarcasmo.
Hazme ver que siguen los recuerdos que creía borrados, crea melodías que destrocen mis manos.
Enséñame una vez más el aroma amargo de lo que me has dejado.
Recuérdame tomarte una vez más en mis brazos.
Borra los momentos que pasamos, inventa nuevos que sepan a tus labios.
Olvida lo que una vez creí haberte enseñado, vuelve del más allá y dime que no mes has olvidado.
Deja que sean los cigarrillos no consumidos los que me quemen en la ausencia del fuego de tu alma ya apagado.
Recuérdame porque te has marchado, recuérdame si alguna vez soy capaz de olvidarlo.
Y aunque 'adiós' es una palabra de despedida, te diré “hasta que volvamos a reencontrarnos”.

Las ausencias duelen, el silencio más aún. El alma no se olvida, el cuerpo quizás sí. Tu alma está pegada a mi abuelo, tu ausencia se llena con tus recuerdos. Te quiero y te echo de menos.”


"Solo somos suspiros sobrios".


Susurrábamos simplemente sonrisas socavadas, silencios sopesados. Sosteníamos sencillamente si solíamos sorber sustancias supliendo soledades. Solos sabíamos si suspirábamos si solía saturarnos su silencio. Sucios sin sabor, saliva sin salida. Sollozábamos sordos, suplicando siempre superación.
Se sobrellevaba si sobrevivíamos surcos sin sino. Sí, sociedad, solo somos sublevados sufridos. ¿Sabios? Solamente somos seducidos socialmente sin semáforos simbólicos sin sospechas, sin saber si somos sanos, solamente somos simples suspiros sobrios. Solo somos eses sin rumbo.


En dedicatoria a mi mejor amigo Fabio. ¿Sabes? Sólo somos tú y yo contra el mundo. Siempre y muchas más eses juntos.”

lunes, 19 de enero de 2015

"El número dos".


Somos polvo de estrellas que esta noche va a convertir la Luna en sueños verdes de esperanza, de vidas pasadas, de amores eternos, de canciones cantadas, de besos con dueño.
Las luces de Madrid tiritando, besos dando un cambio a la estación... Mi perfección... Mi subjetiva perfección.
Ella.
Dueña de un implacablemar de olas rotas, de sábanas descoloridas con sabor a sal de amor.
Amante de la noche, negro temor, sombra abrigada por tus labios, rompiéndonos en dos, en cuatro, en dos manos que forman cuatro y en un corazón que con otro forman dos.
Somos el número par más bonito, contigo yo, sin mi... no sé tú.

"Insomiarte".


Ahora la noches en decadencia se han convertido en arte, el arte del insomnio. De pensarte de madrugada, dejando correr las agujas somnolientas del reloj, mientras construyo escaleras al cielo con mis manos en la guitarra deseando que el amor que regalas sea solo para mi. Que los amaneceres de tus ojos solo sean míos y que la hora de dormir, solo sea el principio de la noche.
Madrid tiene insomnio de ti y yo tengo ganas de tus versos en mi espalda con uñas sin dolor, con amor sin freno y demasiada pasión, como una moto que acelera sin frenos ni dirección y que impidamos que se estrelle. Que sea el poder de tu risa el que de un giro a la estación, que sea invierno en mis mejillas, verano en tus caderas y primavera en mi corazón. Que en otoño llueva y nos resguardemos del dolor, que las hojas caducas no apaguen la pasión, que esto no marchite cual flor.
Infusiones de tus sabores y poesía para una noche más, artista del sueño que hoy no me quiere resguardar.





"Ata(duras y perduras)".


Que el intestino delgado se hace nudos solo si pienso que te quiero y me pregunto el porqué de cada cosa que piensas y, ¡silencio!, que los gatos maúllan y no les dejamos dormir, aunque creo que nunca lo hacemos.
Por todos los versos del mundo o todos los besos que te debo si mientras me miras con ojos de felino, arañas la Luna en sueños. Y ya el insomnio es un problema, porque no me dejas dormir, vivir, pensar. Desaparece de mi subconsciente, deja de ser música en mis manos con las cuerdas y deja de atar mi garganta al tragar, y dime que el silencio si molesta y hazme incomodar. Deja de susurrarme al oído, deja de besarme si estoy mal, destrózame de un latido, déjame que te ame si te vas.




"Despedidas".

El último día siempre supone ser el más complejo, el del sabor amargo, el de sabor a sal que contrarrestabas con el azúcar en el café, pero ese día no, ese día querías té y las tazas se cayeron al suelo, con las ilusiones de una vida a tu lado. Las esquirlas cortaban, pero solo lloraba lágrimas de sangre y recuerdos. Porque eramos un huracán de sentimientos incompletos, inconexos, incoherentes que se querían a morir. Nos sorbíamos entre silencios y pedía a las puertas del cielo contemplarte una vez más durmiendo, no existía mayor placer que ello. Qué sabré yo de amor, si solo soy una mortal más, pero lo de ella era magia convertida en besos y no tengo respuesta al “¿qué sientes?” porque me resultan banales las palabras si quiero aún definirlo. Nuestra pequeña libertad rota por un beso en la frente. Creamos infinitos que envidiaban el infinito y cuando digo que sobran las palabras, no me equivoco. Aquí tienes las últimas palabras de mi despedida, mi chica rock, mi pequeño rincón de Madrid, te echo de más, espero que jamás me eches de menos.


















"Gritos a la libertad".



Alzaste el puño izquierdo y gritaste libertad, el mundo calló para escuchar tu petición entre todas las voces que se alzaban, rodeados por justos que pedían justicia, pedían más.
Pero no nos escucharon, aplacaron nuestras voces con mentiras, tumbaron nuestras banderas en busca de conquista, colonizábamos el derecho de expresión.
El amor que repartíamos, hermanos de una misma patria con un mismo fin.
¡Libertad!” se oía por las calles, cansados de que hiciesen oídos sordos a nuestros ruegos, a que nuestro único verde se encontrase en los parques, los mismos donde ahora dormían niños y familias enteras, hartos de que luciesen con orgullo colores que no representaban la realidad, la verdad de una vida en la que se nos concede una libertad a medias y se nos niega un libertinaje.
Miles de voces se alzaban en pos del amor libre, las aceras abarrotadas de mujeres besándose entre ellas, de hombres agarrados de la mano, de familias harapientas, de niños desnutridos, de locos que quizás no lo estamos tanto.
Así que, cuando alzaste el puño y observé el rojo del sol, cuando alcancé a ver las margaritas y ondeó el morado en la apuesta nocturna, en ese entonces, grité por todos nosotros, por la libertad, por mucho más.


En dedicatoria a mi chica revolución, mi Carolina. Por enseñarme que este mundo no está del todo perdido y merece la pena luchar por esta causa.”



miércoles, 7 de enero de 2015

"Ella era él."


Ella era él y jamás supo porqué.
Atrapado en un espejo, su miedo reflejaba algo inexistente. La fuerza de un mismo cielo que se desplomaba ante sus pies.
Ella era él, pero nadie le creía.
Negaban la verdad de sus ojos cuando caminaba por las calles, encerrado en un cuerpo que no le pertenecía.
Ella era él, pero las personas le temían.
Preso del pánico, de si mismo huía.
Encontraba su ideal en algo que no poseía..
Ella era él, es cierto, que poco se quería. ¿Cómo querer algo que jamás le pertenecía? Su desnudez en la mirada le hacia sentir otro, mas en la soledad aún quedaba parte de ella.
Ella era él, todos lo decían. A veces le veían y nadie le reconocía.
Ella era él y él más que nadie lo sabía, pero negarse es fácil viendo su agonía día a día.
Ella ahora ya no es él, su cuerpo ya no es de mujer.
Ella ahora se fue. Él se quiere también.
Él es su ser y ser quien queremos ser, mayor verdad y felicidad no hay, que el de quien quiere ser y es, quien es y lo sabe, quien él al mirarse al espejo, se ve como debe ser.

"Las notas tienen dueña."


Dormida entre las sábanas,
Reencontrándonos en sueños,
Mirándome a los ojos,
Fanática del sonido de mi voz.
Soledad abrigada por mis brazos,
La hallo entre suspiros.
¡Shh! Silencio que se despiertan los sostenidos de sus gruñidos.
Amanecer en tu respiración,
Bebiendo de tu risa,
Comiéndome las penas,
Doliéndonos sin prisa,
Echándonos de más,
Fallándonos jamás,
Gorriones sin nido,
volando entre suspiros,
entre notas de un pentagrama escrito por recuerdos.


"Co-razones rotos."


Bragas descosidas o camisetas amontonadas, la respuesta de mi duda se refleja en el carmín corrido de tus labios al regalar besos originariamente míos, sensaciones que yo te enseñé a provocar algunas noches y que tú has decidido propagar, como el fuego de un incendio en verano y yo haciendo de bombera, apagando los resquicios de algo que nos quedó a media y que, tras tu excusa, has decidido terminar con veinte o treinta más. ¿Y eso es amor? No, es el vicio que provocar tu sonrisa, la cual ninguno sabe como trastocarla y hacerte suspirar, nadie te regalará eso en bandeja, la magia es la cerilla, perdida entre la llama de la vela, quererte como el fuego al hielo, ardiente pero dolorosamente, opuesta a un mar con un sinfín de dudas, con recovecos destrozados por lágrimas que supieron a sal y tantos otros tuyos, o a tantas mentiras que apagaron el sol y lo transformaron en bochorno. Y es que el frío también quema, como todo este desastre, como tú, porque el caos también puede ser precioso o eso solía decirte, pero nunca me dejaste acabar la frase, ni los versos, ni el café, ni esto que nunca fue nada y que para mi lo significó todo. ¿Rotos? Los platos, los silencios y algunos corazones que decidieron unirse al mío, soy el producto de todo el dolor que has causado, ten miedo, que del hielo, también puede surgir el fuego.

“Café.”



El día que decidí olvidarla, fue el día que decidí asesinar mi alma.
Es imposible olvidar sus silencios y sus gritos. Su inocencia enternecía hasta el punto de ablandar un alma rota como la mía.
La amé hasta dejarme la sangre, porque el corazón sin sangre no funciona, como yo sin ella.
La noche abrumadora era silencio agónico, si ella, callada y feliz, triste niña, joven mujer no se hallaba entre mis brazos.
Dulce “madmoiselle”. La amé. Y la sigo amando.
Su ingenuidad eclipsada por su maldad, mi tirana mujer. La amé, no sabe ella cuanto.
Dios podría castigarme por ser mujer y amarla a ella, pero qué sabrá Dios de sus ojos primavera cálida, de sus pestañas diptongadas, de su cascada cabellera o sonrisa de mujer.
Robé sus noches en vela para enfrascarlas en una botella, para pedirle al cielo una estrella, y bajo ella, robarle besos prohibidos.
Solo Dios sabe cuánto amé sus manos de pianista o sus gemidos callados, frente a frente, brillante, más que cualquier constelación.
Si Dios hubiese sabido de amor, lo hubiese llamado por las seis letras de su nombre.
Amé cada uno de sus pasos en falso, cada error y cada decisión errónea.
Amé su cuerpo más de lo que amé los amaneceres a su lado.
Amé la locura que encerraban sus labios.
Mi deseo corrompía su pureza.
¡Oh, si las miradas matasen...! Si las miradas matasen hubiese muerto en las curvas de su cintura.
Le habría hecho el amor entre estos versos en prosa.
Violé su alma y me condené a mi misma a admirarla sin que fuese mía.
Su aroma agrio con regusto dulce de sus labios al beber de ella.
Me pasaba las noches como un gato colocado entre sus piernas.
Elegante y tierna. Tan joven y tan adulta a la vez...
Mi otoño en verano, mi invierno en primavera.
Mi oasis en el desierto, mi condena al infierno.
Agonía en mi sangre, dulce bailarina de mi venas y percusionista de mi corazón.
Hizo música con sus manos en mi cuerpo y magia en mi estómago.
Si ella me faltaba, respirar perdía el sentido.
Mi cántico de ruiseñor por la mañana, ventana abierta, ella resultaba tan hermosa como el ocaso.
Verso a párrafo, ruego a ese alma que perdone a esta joven descorazonada, el amor que le entregó y que ella quiso rechazar.
¡Corazón! Cómo atreverme a hablar de ello si su existencia me robó aquello.
De mi inspiración quería el camino a Roma al revés.
Porque si todos los caminos llevan a Roma, todos me llevaban a sus piernas.
O a la locura, que en este caso, venía a significar lo mismo.
O a mis noches de insomnio.
O a las pesadillas que su nombre ocasionaba.
O a los escritos que su existencia sugería.
O a las cinco oes que llevo escritas por su falta.
Ruego al silencio que la ame, o a otro que cuide de ella.
Ardiente pero siempre suave.
Pero solo Dios sabe que perdí el sentido de mi vida si no la oigo despertando por la mañana en mi cama.
La amé más de lo que pude amarme a misma.
El amor propio lo invertí en el mercado de valores de su risa.
Me quedó pendiente hacerla feliz. Me quedó pendiente regalarle la Luna, sacarle una sonrisa, besarla cada noche.
Porque ella... su magnificencia era mayor que las estrellas, que el silencio de la noche en verano, que los versos de Pablo Neruda, que los Nocturnos de Chopin al piano.
Mi infierno en la Tierra, ángel sin alas corrompido.
Musa divina, mi querida “madmoiselle”.
Me quedaron pendiente demasiadas cosas, pero sobretodo, me quedó pendiente...
Me quedó pendiente hacerle café.